3 técnicas de relajación para tu jornada laboral

Lograr un nivel óptimo de concentración puede ser una problemática común dentro en el mundo actual. Hablando específicamente del personal de cualquier empresa, la carga laboral y los objetivos trazados suelen traer consigo estrés y ansiedad, que son importantes de atender, tanto a nivel corporativo como individual.

Para comenzar a atacar estos puntos, que al final redituarán en una capacidad de concentración y relajación dentro de los integrantes tu negocio, es necesario comprender e interpretar qué sucede a nivel interno y externo.

¿Qué significa esto? La mayoría de las veces, nos preocupamos más por lo exterior, que está fuera de nuestro control, y menos por lo que está dentro de nuestro cuerpo, como las propias emociones y de lo que podemos echar mano.

En Mind Help, traemos para ti algunas recomendaciones para manejar esos momentos de ansiedad que pueden presentarse en tu vida laboral, y así lograr un estado óptimo de relajación que te permita alcanzar tu mejor desempeño.

Técnica de respiración diafragmática

El cuerpo humano ha desarrollado, a lo largo de sus miles de millones de años de evolución, una respuesta a las situaciones de estrés o ansiedad. Es así como, a través de un reflejo, tensa internamente los músculos y provoca esa sensación acartonada que, muchas veces, no nos permite desenvolvernos como quisiéramos.

La respiración diafragmática es una gran alternativa a estos episodios, pues relaja todo el cuerpo, sin la necesidad de tensar o erguir la espalda, como regularmente lo respiramos.

Consiste en cuatro sencillos pasos:

  • Inhalar durante cuatro y seis, dirigiendo el aire hacia el estómago.
  • Soltar la parte baja del vientre.
  • Retener el aire por uno o dos segundos.
  • Soltar lo más lentamente posible, tratando de hacer un pequeño hilo de aire.

LA RESPIRACIÓN EN SÍ MISMA NO TE LIBERARÁ, es necesario entrenarla para lograr el efecto deseado. Una técnica efectiva que te recomendamos para practicarla, es la 3/3: tres momentos diarios de respiración al día, con tres respiraciones cada uno.

Es de suma importancia no asociar esta respiración a momentos malos. Debes generar la capacidad de realizarla también en espacios de tranquilidad, para que pueda tener el resultado deseado en momentos de estrés.

Controlar los elementos más importantes del trabajo

Es muy común que, en nuestro día a día en la oficina, las responsabilidades y objetivos se acumulen conforme avanza la jornada. Por nuestra misma inercia de trabajo, tendemos a recopilarlos en nuestra memoria, esperando recordar cada una de las cosas que se presentan.

Sin embargo, la mente no es infalible, y ante cualquier descuido puede fallar. Si se nos olvida algo, se desata el caos, y con ello, el estrés. Ante el error, el cerebro tiende a apartarse y a anticipar lo que viene, en lugar de centrarse en resolver la falla.

Una forma de ayudar a nuestra mente en ese sentido, es llevar una bitácora de actividades o notas, que nos permita repasar en cualquier momento lo que tenemos por hacer, y, si es posible también, qué procesos nos han ayudado a completar otras tareas, que podamos implementar en las que vienen.

Controlar los pendientes

Esto puede considerarse una extensión del tip pasado, pero es igual de importante considerarlo. Si ya tienes una lista de cosas por hacer, viene la parte más importante: ¿cómo haré para entregar todo en tiempo y forma, si no me puedo concentrar?

La solución a esto puede parecer sencilla: determinar cuánto tiempo de mi jornada dedicaré a cada una, considerando lo que me pueda tomar completar cada una. Pero tenemos un detalle que debemos cuidar: las distracciones.

Actualmente, nuestra dependencia de la tecnología es tal, que tendemos a dejarnos llevar por nuestros dispositivos móviles, con mil y una posibilidades y que hasta a veces nos habla sin siquiera sonar o vibrar. Lo que nos ofrece son historias cortas.

Para comprender cómo funciona, hay que entender que nuestro cerebro se alimenta de procesos –o historias- largas, como la creatividad, el trabajo, la música, entre otras; pero se divierte con historias cortas, como puede ser un meme por Whatsapp o un video en Instagram. Si le ofrecemos al cerebro más procesos cortos que largos, nuestra capacidad de producir y crear se verá seriamente afectada. Además, estos procesos cortos tienden a ponernos muy ansiosos.

Educar al cerebro es una manera de manejar estas situaciones, incrementando de paso nuestra productividad. Establecer horarios es una forma de acostumbrar a la mente sobre cuándo hay que hacer cada cosa, sin contraponer una con la otra. Por ejemplo, puedes dedicar 45 minutos a una tarea productiva, y después tomar un espacio para una historia corta, como responder mensajes o revisar redes sociales.

Extra tip: ¿Cómo manejar las crisis?

¿Te ha pasado que tienes muchos pendientes en puerta, cuando te piden que pares lo que estás haciendo para enfocarte en algo completamente nuevo, y que además urge? Estamos seguros que sí.

Al aparecer una tarea nueva, que para nada elimina las que ya tenías, es importante recordar lo que hablamos al principio: si nos enfocamos en lo externo, que no está bajo nuestro control, solo nos generaremos estrés. Detente un poco, para tu tren, porque es momento de enfocarnos en qué sí tenemos a la mano.

Por razones obvias, la nueva asignación será la primera en la lista. ¿Cuánto tiempo tenemos para entregar y cuánto nos tomará realizarla? A partir de esa respuesta, habrá que asignar tiempos al resto de las actividades en la lista.

También debes considerar el tiempo que pudiera tomar apoyarte en compañeros que tengan conocimiento de la tarea o tengan algo avanzado de ella.

Conclusiones

  • El estrés es un miedo evolucionado que se generó con base en cosas que tenemos que hacer. No tenemos miedo de las actividades, sino de no terminarlas o de que nos supere el resultado.
  • Poner atención en las cosas que controlamos y los que nos sucede internamente.
  • Asignar horarios determinados para las historias largas y las cortas. Respetar nuestras propias determinaciones.
  • Cuando nuestro cerebro encuentra nuevas herramientas, deja de preocuparse por la falla o el resultado inadecuado.
  • Hay estrés bueno y estrés malo. A veces necesitamos esa activación o energía para seguir adelante, pero debemos cuidar que no nos rebase y se vuelva contraproducente.

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