4 hábitos para combatir la ansiedad por home office

En nuestra antigua normalidad, como mencionamos anteriormente, salir de casa implicaba desprendernos del control de nuestro tiempo. Los traslados y actividades, que dependen en buena parte de los demás, nos exigían ser precavidos al medir lo que nos tomaría cada lapso del día.

Sentarte en tu escritorio de la oficina te activaba el “modo trabajo” y, al estar rodeado de compañeros que también están realizando una actividad similar, se ejercía una presión social para completar nuestras asignaciones mayor facilidad.

En casa es totalmente lo contrario. Somos cien por ciento dueños de nuestro tiempo, y dependemos solo de nosotros mismos, no existe esa presión que hay en una oficina. Pero también, al estar en un espacio del que nos ocupamos, no podemos dejar de lado las responsabilidades que ahí tenemos.

Este choque de prioridades nos pone en discordia, pero la situación puede resolverse más fácil de lo que se pudiera pensar.

 

  1. Generar mis horarios productivos

La clave de todo esto está en un solo concepto: TIEMPO. Al estar en casa y ser dueños por completo de él –y lo que hacemos con él-, surge la pregunta: ¿cómo lo administro si tengo que cumplir en mi trabajo y en mi casa a la vez?

Es más que evidente que no podremos cumplir a rajatabla con el horario de oficina que nos requería nuestro trabajo, por algunas de las razones antes mencionadas, pero día debemos completar la totalidad de horas. Consideremos que la jornada laboral de ocho horas está pensada para dividir equitativamente las 24 del día en tres aspectos: personal, laboral y descanso.

Por ejemplo, si nos levantamos a las 8:00 de la mañana, podemos dedicar una hora para desayunar y despabilarnos, para iniciar el primer periodo de trabajo a las 9:00. De ahí, podemos abarcar tres o cuatro horas productivas, y después dos personales para atender las necesidades de la casa; posteriormente, podemos completar las otras cuatro horas de trabajo faltantes.

Si queremos dedicar más tiempo a alguno de los aspectos, en algo estaremos fallando. Más trabajo, significará menos tiempo personal o de descanso; más horas para mí, provocarán menos tiempo productivo o de descanso; y más descanso nos privará de tiempo para nosotros o de trabajo.

 

  1. Prestar atención a mis sensaciones

Como comentábamos más atrás en el artículo, nuestra casa no suele tener espacios asignados específicamente para trabajar, pero el home office nos obliga a acondicionar lugares asociados a otras cosas para cumplir nuestra jornada laboral.

La recámara, la sala o el comedor son los sitios más comunes que un trabajador adaptará como su nueva oficina, pero ante el cerebro, estos están relacionados, con el descanso, el esparcimiento o el alimento. Por consiguiente, la mente pedirá constantemente ese estímulo que cada espacio le brinda.

Suponiendo estamos en el comedor o la cocina, sentiremos la necesidad de ingerir una botana o beber algo. Si no se satisface ese estímulo, sentiremos incomodidad o que algo nos falta; o incluso, inconscientemente comeremos de forma desmedida.

Una solución puede ser tener un pequeño estímulo, como puede ser una paleta o una pequeña botana saludable, que nos permita inhabilitar esa sensación de forma paliativa.

Otra respuesta a largo plazo es sobreponer los tiempos sobre el espacio designado. Si logramos reconfigurar nuestro cerebro para que comprenda que, en cierto episodio del día, toca trabajar y no comer, permitirá que nos concentremos en nuestras actividades sin necesidad de un estímulo. Es muy importante SIEMPRE RESPETAR NUESTROS HORARIOS.

 

  1. Mantener nuestra capacidad social

No todo en el home office está relacionado al trabajo. Como humanos, tenemos una necesidad importante de contacto interpersonal, de sentir cercanía y afecto. Estar presente en una oficina facilita la satisfacción de esa necesidad, con el simple hecho de saludar a algún compañero de trabajo, de conversar con el jefe, o compartir chisme de pasillo.

Al encontrarnos en aislamiento, no contamos con esos estímulos, sin considerar a nuestra familia. El contexto tampoco nos ayuda, pues podemos llegar a sentir que esto nos pasa únicamente a nosotros, lo que podría hacernos perder el sentido de empatía.

Tener interacción con nuestros colegas, hablando de lo profesional, y con nuestros amigos cercanos, en lo personal, nos ayudará a mantener sana nuestra capacidad social. Para esto tenemos muchas herramientas a la mano.

Mantener constantes reuniones con nuestro equipo de trabajo, compartir avances y colaborar en actividades comunes, a través de aplicaciones de videoconferencia, nos harán sentir presentes sin estarlo físicamente. De igual forma, agendar videollamadas con amigos para conversar sobre la actualidad de cada quien o qué sensaciones tiene cada uno en el encierro, causan un gran impacto en nosotros y fortalecerán nuestra empatía.

Recordemos que, cuando las cosas se disfrutan, nuestra mente ignora las sensaciones de soledad.

  1. Controlar el estrés o combatir la ansiedad

El estrés y la ansiedad son miedos evolucionados de nuestro cerebro, que se presentan cuando nos preocupamos más por lo que no está a nuestro alcance. Adaptándolo a un plano laboral, son miedos a que las cosas nos superen, o no las podamos terminar.

Cotidianamente existen estímulos externos de fuerte impacto que nos ayudan a combatir estas sensaciones de manera paliativa, como el cigarro o el alcohol. Al recurrir a estos métodos, simplemente aplazaremos las sensaciones y crearemos un vicio.

Para acabar de raíz con estas problemáticas, debemos recurrir a estímulos naturales, entre los que se encuentran la meditación, la atención interna y el mindfullness. Estas tres técnicas nos ayudarán a entrenar nuestro cerebro y reducirán las respuestas fisiológicas del estrés y la ansiedad.

No existe una manera específica para meditar; podemos encontrar diferentes aplicaciones que ayudarán a guiarnos en el proceso. Lo importante es encontrar la que mejor nos funcione.

Otro estímulo natural básico es el ejercicio. Realizar actividad física por gusto y convencimiento, además de planificado, nos permitirá sacar energía corporal para dar espacio a la energía mental. Es clave saber en qué punto de ejercicio nos sentimos liberados, pues si nos sentimos cansados, después nos faltará energía para hacer el resto de nuestros pendientes.

Una recomendación es dividir el ejercicio en dos periodos cortos de 20 a 30 minutos a lo largo del día.

Conclusiones

  • Para reducir la cantidad de estrés, debemos remplazar hábitos de trabajo en un contexto de casa.
  • Ser conscientes de nuestras sensaciones en cada espacio donde estamos dentro de la casa. Donde nos sentemos a trabajar, asignemos tiempos.
  • Atender internamente lo que controlo. Lo que no está a mi alcance, hacerlo más manejable a través de mis recursos como tiempo, conocimiento y gente cercana.
  • Compartir nuestros logros y elementos de día a día, para generar empatía.

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