Colaboradores más humanos, a pesar de la sana distancia

Para nadie es un secreto que la realidad del mundo giró 180 grados a partir del surgimiento del COVID-19. Desde el ámbito sanitario a nivel colectivo, hasta nuestras relaciones interpersonales e incluso hábitos individuales se han visto obligados a evolucionar para adaptarse a las exigencias que el virus nos pone enfrente.

Dentro de este proceso de adaptación, cada uno de nosotros ha tenido que romper paradigmas propios y ajenos para llegar hasta donde nos encontramos ahora mismo. La incertidumbre ante el futuro y su desenlace, así como diversas circunstancias nos han perfilado hacia un pensamiento ensimismado.

Gracias a ello, en Mind Help pensamos que es una excelente oportunidad para sembrar un sentido de humanidad dentro de nosotros: líderes, colaboradores y compañeros, con el objetivo de crear un conjunto fuerte que sea capaz de superar adversidades más allá de lo que se presente. Apuntando a obtener el mejor análisis de la situación, conversamos con la psicóloga Leticia Zepeda, quien nos ayudó a desmenuzar punto por punto este tema.

 

Miedos y pérdidas

Como lo mencionábamos al inicio de este texto, la cotidianidad y normalidad del mundo que vivimos hoy es radicalmente distinto al que experimentamos muchos meses atrás, orillados por las circunstancias que escalaron rápidamente a lo largo y ancho del globo. Para Leti, este es un contexto de pérdidas y sacrificios, que traen consigo emociones con un mensaje oculto. “Creo que lo que más se sacrificó fue la libertad, porque si antes íbamos al cine, por ejemplo, era tu decisión si te gustaba o no; o si querías ir a un restaurante… Ahora viene esta parte de que nos fueron impuestas muchas cosas, que fueron obligadas, y cuando algo es así, se relaciona al miedo. Lo principal que debemos admitir ahora, es qué nos da miedo; como toda emoción, tenemos qué identificar qué viene a decirnos: que tienes que prevenir y hacer”.

Justamente, el contexto de adversidad y merma, que parece tan profundo y oscuro, saca a relucir una capacidad que forjamos desde pequeños, como lo explica la especialista. “Es una pérdida múltiple: empiezo con la pérdida de mi libertad, o perdí el trabajo, o me redujeron el sueldo, pero los egresos no cambiaron. Y dices, ¿cómo me vuelvo más humano con todas las emociones que estoy sintiendo? ¿De dónde obtengo la ayuda? Muchas veces viene de la parte de personalidad que, si has sido resistente, afrontas las situaciones de diferente manera. Si desde pequeño me han frustrado, esto va a ser más digerible, porque a través del no se forja el carácter; y de ahí viene la parte humanitaria: ¿por qué a todo debo decir que sí? Ya que vino de fuera una frustración, como esta pandemia, estos niños que se fueron haciendo resistentes, lo son ahora, y por lo tanto humanos, porque entran en empatía y dicen ‘yo puedo entender al otro, pero no siento el mismo nivel de miedo y ansiedad.

Nosotros decimos ‘la pandemia está afectando’, pero también podemos ver niños que dicen “¡esto está padrísimo! Ojalá no se quite, porque estoy en casa, los baños están limpios, puedo desayunar…” ¿De qué depende esta visión de la vida? De la frustración.

 

Yo a través del otro

Después de identificar estos conceptos clave, se nos abre la puerta para encaminar nuestra trayectoria hacia un sentido humano. Según nos comenta la psicóloga de Mind Help, necesitamos de dos elementos para completar esa faceta y acercarnos al otro. “Soy un colaborador más humano cuando soy empático. Si entiendo por qué mi compañero se angustia de algo, le pregunto sobre ello y qué hacemos para solucionarlo. Yo veo dos cosas importantes para humanizarnos: la empatía y la resistencia. Si no soy resistente, ¿qué va a suceder? Sí vamos a ser humanos, pero exageradamente en emociones que debimos modular y calibrar”.

Para ella, el encierro y la sana distancia han traspasado una connotación negativa para la gente que ha reunido los requisitos para ser una persona más humana. Para aterrizarlo, nos explica un escenario bastante común en nuestro día a día, sobre todo en contextos de emergencia y estricto encierro. “No tenemos manejo de la incertidumbre, y esto nos dejará como aprendizaje hoy más que nunca, la conciencia nos lleva a decir ‘nada está escrito, nada lo controlo yo, vamos al día y hoy tengo que estar bien. Vemos, por ejemplo, muchos vecinos ponerse de acuerdo para ayudar a las personas vulnerables para ir al súper. Ofrecerse a llevar las cosas que otros necesitan, aprovechando una vuelta para reforzar el ‘no salgas’. Esta ayuda comunitaria sirve muchísimo, porque la empatía no solo es la parte sentimental de ponerme en el lugar del otro, sino también un ‘¿qué puedo hacer por ti? Y entonces pasamos a este otro lado de poderle preguntar al prójimo ‘¿cómo estás? ¿se te ofrece algo? ¿te sientes mal?’.

Nadie puede dar lo que no tiene. También vemos personas egoístas, que dicen ‘¿a mí qué?’. Por eso hablábamos de la autoconciencia: cuando yo soy consciente de que lo que a mí me pasa, igual le sucede al otro, lo puedo ayudar”.

Adquirir este sentido de empatía hacia el prójimo no es un proceso sencillo de acuerdo con la especialista de Mind Help, pues este requiere de una constante reflexión de uno mismo para formar sólidos cimientos propios. “Ser humano viene desde la base de quién es la persona. Tenemos qué replantear quién soy yo y quién soy a través del otro. La persona proactiva, que tiene el recurso personal para hacerlo, se va a humanizar; pero también tenemos que ser conscientes que aquella persona que no tiene el recurso personal, ni siquiera va a llegar a un sentimiento de empatía”.

 

Unión = fuerza

Las empresas no están exentas de los cambios que ha traído la pandemia por COVID-19. Al detenerse por un buen rato el movimiento de la economía, o al menos reducirse al mínimo, las instituciones se han adaptado de la manera más rápida posible, aunque puede que no sea la más adecuada.

Cada caso es distinto, pero existen puntos en común: recortes presupuestales y de personal, incremento de cargas laborales, incertidumbre, entre otros, que mantienen en estado de alerta a sus colaboradores. Con el paso del tiempo, el desgaste emocional que se vive en la fuerza laboral de la empresa cobra factura en el ánimo de cada individuo.

Como argumento final, Leti hace un especial énfasis en la dinámica y cultura de trabajo de las instituciones para sensibilizar a los colaboradores y generar una verdadera unidad. “En lugar de verlo desde el agradecimiento, desde ‘hoy tengo chamba, aunque me tocó hacer parte del otro y me puedo acercar a alguien para que me ayude’, tendríamos que ver la parte desde el clima laboral. Hay mejores prácticas en unas empresas que en otras, eso es un hecho. Yo lo equiparo mucho a las familias: así como hay familias nutritivas, hay empresas nutritivas, que han dado este sentido de pertenencia.

Obvio, cuando viene toda esta carga extra y fusión de puestos, yo la vivo desde la injusticia, desde el ‘corriste a mi compañera y ahora me toca hacer su chamba; además no me diste una inducción ni capacitación’. Tenemos qué ver de qué organización estamos hablando, cómo son sus colaboradores, cómo los han hecho sentir pertenecientes. Hay empresas que han tenido excelentes prácticas en cuanto a trabajo en equipo, la visión y la pertenencia. En donde hay las mejores prácticas, forman personas proactivas que digan ‘no necesitas buscar mi ayuda, yo te digo cómo; los colaboradores entregan su puesto prácticamente entrenando a quien se va a quedar con sus funciones.

 

Conclusiones

  • Aprendamos a manejar la incertidumbre. Aceptemos que no tenemos el control de nada y hay que estar preparados para el todo y para la nada.
  • Generar conciencia de quién soy yo.
  • Reflexionar quién soy yo a través del otro.
  • Generar mesas redondas para generar sentido de pertenencia, y expresar alegrías y enojo antes del trabajo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *