Cuatro puntos para resolver conflictos familiares – Psic. Alberto Santillán

En la sociedad mexicana, la familia es algo de la más alta importancia. Somos parte de una cultura en la que tiene un lugar determinante en nuestras vidas desde la cuna hasta la tumba.

Bien conocida es la tendencia de las familias mexicanas a permanecer juntas, al punto de ser conocidas como muéganos en el habla coloquial, y coexistir bajo un mismo techo hasta tres o cuatro generaciones.

Estas tendencias son fruto de un legado histórico y cultural que hunde sus raíces en tiempos inmemoriales; y en término general, la presencia de una sólida estructura familiar, fuente de apoyo y guía espiritual en la vida, es algo positivo. Sin embargo, esto no significa que las familias sean instituciones perfectas y libres de problemas; y para muchos los problemas familiares son una situación frustrante y de difícil resolución.

A continuación, les compartiré algunos puntos que pueden ayudarles a resolver los conflictos dentro de la familia; esto sin olvidar que cada familia es única y que los puntos que aquí presento se basan en aspectos muy generales de las relaciones intrafamiliares.

1. Las familias perfectas no existen

Desde que tenemos uso de razón, somos bombardeados con imágenes de lindas familias en la televisión, el cine y todo tipo de publicidad; familias ideales sin problemas de ninguna índole. Esta imagen es reforzada por ideas culturales sobre cómo deben ser las relaciones al interior, todo basado en lo que padres, hijos, hermanos y demás parientes deben ser para con el resto de sus familiares. Y son precisamente estas nociones de lo que un cierto rol familiar “debe ser” las que luego complican la resolución de problemas intrafamiliares.

Padres, hijos, hermanos y demás parientes ciertamente cumplen un rol dentro del esquema familiar, sin embargo, nadie nace sabiendo cumplirlo y, a menudo, las personas solemos fallar en cumplirlos por diversas razones.

El recordar que, ante todo, nuestros familiares son seres humanos con defectos, virtudes, logros y fallas, y no meramente personajes con una función en nuestras vidas; es algo fundamental a la hora de resolver conflictos puesto que al recordar esto tenemos en cuenta que nuestros parientes son ante todos individuos, personas con intereses y vidas propias que no giran en torno a nosotros o su relación con nosotros.

Recordar este simple hecho nos ayuda a atender los verdaderos problemas en lugar de distraernos y agregar culpas y agravantes que no nos ayudan a salir adelante.

2. El amor ayuda, pero no lo resuelve todo

Este punto se continúa con el anterior, puesto que también es necesario admitir que nuestras relaciones familiares son de similar naturaleza; es decir, que son imperfectas, pero mejorables.

Asimismo debemos recordar que, al igual que cualquier otra relación interpersonal, las relaciones familiares son, en última instancia, acuerdos entre individuos con ideas, creencias, intereses y experiencias diferentes; y que no por ser parientes nuestros van a dejar dichos elementos de lado, o que van a alinearse inmediatamente con nosotros ante cualquier situación.

Las relaciones interpersonales tienen límites, y las relaciones intrafamiliares no son la excepción. ¿Significa esto que no nos aman? Claro que no; simplemente el amor de familia no es un comodín que automáticamente va eliminar cualquier traba o problema que pueda existir en las relaciones con nuestros parientes, y que solo podrán solucionarse como cualquier otro problema, mediante el diálogo y el mutuo entendimiento.

El amor filial ayuda, pero no por sí solo no basta.

3. Aceptar que no siempre conoces todo acerca de tu familia

Una vez que tenemos presente la importancia de la negociación en el desarrollo de las relaciones familiares, es prudente que recordemos también que estas van a tener lugar numerosas veces a lo largo del tiempo; siendo quizá las más relevantes aquellas derivadas del inevitable cambio de roles y estructura en la familia producto del envejecimiento de las generaciones.

Conforme los hijos crecen, nuevas realidades se hacen patentes en el seno de la familia, y esto conlleva nuevas negociaciones; ya no se trata de niños y adultos, sino de acuerdos entre adultos con una larga historia en común.

Empero, es importante recordar que, si bien padres e hijos suelen tener un conocimiento relativamente amplio el uno del otro, esto no significa que conozcan absolutamente todo acerca del otro. Todos los miembros de la familia tienen vidas e historias fuera del hogar, y esas nunca son del completo conocimiento del resto de familiares.

Así pues, es necesario tener presente que la familiaridad con nuestros parientes nunca es total, y que siempre podemos conocer algo nuevo sobre ellos; a veces esos huecos en nuestro conocimiento mutuo pueden ser un importante obstáculo para resolver nuestras diferencias.

4. No ignorar los problemas

Ya para finalizar esta lista, solo nos queda hacer un simple pero importante recordatorio: no esperes que el tiempo resuelva todo.

Algunos problemas se resuelven con el tiempo, ya sea porque eventualmente se aprenden las lecciones necesarias para ello, o porque la raíz de los problemas simplemente deja de existir. Estos casos son algo fortuito y al azar; por ende, no se puede confiar en estas situaciones para resolver todos nuestros problemas, incluyendo los familiares.

Dejar que los problemas se perpetúen a través de los años es pernicioso para el bienestar familiar, puesto que, si los problemas se dejan sin solución durante años, estos siguen causando disgustos y tensiones que solo empeoran la situación y pueden eventualmente llevar a serias consecuencias.

Por nuestro bienestar y el de nuestros seres queridos, la pronta y exitosa resolución de los problemas familiares debe ser una de nuestras prioridades, ya que una familia funcional es un apoyo invaluable para todos sus miembros, y más en el loco y ajetreado mundo de hoy.

 

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